Deseo compartir con ustedes mi
experiencia de fe en una comunidad de personas que anhelan un mismo ideal para
sus familias; el estilo y carisma de la espiritualidad cristiana que nos lleva
a compartir como hermanos junto a otras familias que caminan con uno; pienso
que los matrimonios y familias necesitamos una instancia en la que podamos
crecer en la Fe, en la amistad, en la hermandad en la entrega; en última
instancia crecer como personas, y trasmitiendo esta vivencia a nuestros hijos.
Estoy convencida que ¡SOLOS NO PODEMOS!; necesitamos de los demás para seguir
perseverando.
Esta experiencia viene desde de
nuestra tradición de la iglesia católica; vista en los primeros cristianos, que
se agrupaban por comunidades viviendo un mismo ideal, teniendo un mismo fin, un
estilo propio.
Es el mismo Jesús quién nos
enseña a vivir en comunidad al formar una con sus Apóstoles y quiso que uno de los signos de la identidad
de la Iglesia fuera su unidad y carácter comunitario. Si
las personas se unen para realizar actividades y conseguir objetivos, los
cristianos también viven unidos en torno a Jesús y se reúnen para compartir la
fe. Fe que no sólo se queda en la
comunidad esta debe ser elevada y trasmitida a otras familias con el
testimonio y el apostolado que el mismo Jesús nos invita a vivir y a desplegar.
Escrito por: Katya Alva de Ponce

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